“Quiero que vaya a la cárcel”: el reclamo de la hija del garrapiñero condenado a 14 años
María cuestionó que su padre, Oscar Irigoyen, continúe cumpliendo prisión domiciliaria pese a la condena por abuso sexual. Contó el impacto que tuvo el caso en su vida y reclamó que se haga efectiva la pena en una unidad penal.

María volvió a reclamar que su padre, Oscar Alfredo Irigoyen, cumpla en una unidad penal la condena de 14 años de prisión que recibió por el abuso sexual cometido contra ella cuando tenía 14 años. El hombre, conocido durante años en Gualeguaychú por su puesto de venta de garrapiñadas, permanece actualmente bajo arresto domiciliario y con tobillera electrónica debido a su edad.
“Quiero que vaya a la cárcel como corresponde”, manifestó la mujer al referirse a la situación de su padre, quien recientemente cumplió 70 años en su domicilio.
Irigoyen fue condenado en 2025 luego de atravesar dos instancias de juicio por jurados. La sentencia definitiva estableció una pena de 14 años de prisión efectiva por el delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo.
Sin embargo, la ejecución de la condena no se desarrolla actualmente dentro de una unidad penitenciaria. El tribunal dispuso que el hombre permanezca bajo la modalidad de prisión domiciliaria, una situación que genera un fuerte impacto en la víctima debido a la cercanía entre ambos domicilios.
“Vivo muy cerca de su casa. Trato de no cruzarlo, pero a veces tengo que pasar por ahí y mis hijas también”, relató María.
Una condena que todavía no se cumple en una cárcel
La mujer cuestionó las condiciones en las que su padre atraviesa la condena y aseguró que, pese a las restricciones impuestas, lleva adelante su vida cotidiana dentro de su vivienda.
Según relató, inicialmente Irigoyen permanecía bajo arresto domiciliario sin dispositivo electrónico. Tras advertir una situación que consideró incompatible con las condiciones de la medida, afirmó haber enviado fotografías al Tribunal, luego de lo cual se dispuso la colocación de la tobillera.
María también puso en duda que el estado de salud del condenado justifique que continúe fuera de una unidad penal.
“Dicen que tuvo un ACV, pero se lo ve con la ventana abierta, cantando”, sostuvo, mientras reclamó que se concrete el traslado que, según entiende, debería derivarse de la condena dictada.
El impacto que dejó el abuso
Durante su relato, María también habló sobre las consecuencias que la situación tuvo en su vida personal y familiar. Contó que durante años mantuvo en silencio lo ocurrido y que recién en 2019 pudo hablar con su esposo acerca del abuso sufrido durante su adolescencia.
“Yo buscaba de él amor de padre, no lo que hizo”, expresó al recordar la relación con su progenitor.
La mujer aseguró que atravesó momentos de extrema angustia y relató que llegó a sufrir convulsiones e intentos de quitarse la vida. Según explicó, poder contar lo sucedido significó también comenzar a desprenderse de una situación que había mantenido durante años.
El caso también tuvo consecuencias en el ámbito familiar. María afirmó que sus hijas le contaron posteriormente situaciones de acoso que habrían sufrido por parte de Irigoyen.
Dos juicios por jurados y una pena de 14 años
Oscar Alfredo Irigoyen fue declarado culpable por primera vez por un jurado popular por el delito de abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo. Luego de distintas instancias recursivas, el caso derivó en un nuevo juicio por jurados realizado en agosto de 2025.
En esa segunda instancia volvió a ser declarado culpable.
Finalmente, el juez técnico Mauricio Derudi estableció una pena de 14 años de prisión efectiva, con cumplimiento en una unidad penal.
La situación actual del condenado, sin embargo, es diferente a la establecida originalmente para el cumplimiento de la pena: permanece en su domicilio bajo control mediante dispositivo electrónico.
Para María, esa situación mantiene abierta una herida que comenzó cuando era adolescente y que, según expresó, todavía condiciona su vida cotidiana.
“Así es imposible”, resumió al referirse a la proximidad con su padre y al hecho de encontrárselo eventualmente en las calles de la ciudad.
Su reclamo ahora apunta a que la condena deje de ser solamente una sentencia y que el cumplimiento efectivo de la pena se concrete bajo las condiciones que, sostiene, corresponden a una prisión efectiva.
FUENTE: Máxima




























